Warning: Cannot modify header information - headers already sent by (output started at /home/bricolaj/oficinadeturismo.net/private/conf/site.config.php:61) in /home/bricolaj/oficinadeturismo.net/article.php on line 177
Croacia

Croacia

Croacia

Croacia
Lo dicen las revistas especializadas, lo con­firman las estadísticas y, lo que es más im­portante, lo reitera todo el mundo que viaja fiasta allí. Croacia es muchas cosas a la vez; pero sobre todo es un paraíso cercano en el que se conjugan todos los factores que hacen que un viaje de ver­dad merezca la pena y todavía a un precio más que razonable para los visitantes procedentes de la zona euro.

Lo dicen las revistas especializadas, lo con­firman las estadísticas y, lo que es más im­portante, lo reitera todo el mundo que viaja fiasta allí. Croacia es muchas cosas a la vez; pero sobre todo es un paraíso cercano en el que se conjugan todos los factores que hacen que un viaje de ver­dad merezca la pena y todavía a un precio más que razonable para los visitantes procedentes de la zona euro.

Aunque la Costa Dàlmata es su gran estandarte y el principal reclamo turístico, el Interior también guarda tesoros muy atractivos. Delimitada por las montañas de Medvenica al norte y por el río Sava, al sur, Zagreb, la capital desde que alcanzase su independencia de la antigua Yugoslavia en 1991, se jacta de ser una de las ciudades más antiguas de Europa. Coqueta y animada a partes iguales, con la llegada del buen tiempo rezuma vida por todos sus poros porque aquí la pauta la marca la gente joven que sale a disfrutar de sus numerosos parques, como el de la Herradura Verde, y de las terrazas, como las de la concurrida calle peatonal de Tkalciceva, por la que antaño fluía un arroyo que separaba las antiguas ciudades de Gorniji Grad y Kaptol, ambas asentadas en sendas colinas. Con una distribución urbanística admirable, en el centro se funden reminiscencias de épocas pasadas entre los restos de la centenaria fortificación medieval que abraza callejuelas empedradas y casitas bajas de tejados rojos pintadas en tonos pastel con edificios señoriales de impronta barroca e iglesias góticas coronadas por bellas cúpulas doradas como la catedral de la Ascensión de Nuestra Señora. A espaldas de ésta, el bullicioso Dolac, el mercado central, es el lugar ideal para una primera toma de contacto con la excelente gastronomía local así como con la artesanía tradicional.

Dejando atrás Zagreb, camino ya de la costa, el parque nacional de los lagos de Plivitce, uno de los diez que atesora este país cuyo tamaño es compa­rable al de Suiza o Irlanda, es una parada ineludible. En total son más de 200 kilómetros cuadrados con cerca de 100 cataratas y 16 lagos conectados entre sí, que están protegidos por la UNESCO desde 1979. Después, adentrándonos ya en la reglón de Dalmacia, la hierencia veneciana lo llena todo cuan­do se visita la ciudad de Zadar, punto de parllda para explorar el espectacular litoral que serpentea bordeando playas jalonadas de frondosos pinares y deliciosas calas de aguas turquesas. La iglesia de San Donato, de planta circular y erigida sobre las columnas del foro romano, es el monumento medieval más emblemático de toda Croacia. Por la tarde, cuando se acerca la hora del ocaso, todos los pasos conducen al final del paseo marítimo para en­contrarse con su famoso órgano marino, con el que el arquitecto croata Nikola Basic quiso homenajear a la que para él, como para el resto de sus com­patriotas, es la costa más bella del mundo y que aquí adquiere connotaciones un tanto misteriosas cuando sus 35 tubos de aire verticales, dispuestos a ras del suelo, difunden las melodías resultantes de la mezcla del ruido del viento y del oleaje.

Como en Zadar, el casco histórico de Sibenik también es Patrimonio de la UNESCO y el pavi­mento de sus calles de blanquísima piedra pulida reluce bajo el sol hasta llegar hasta la majestuosa catedral de Sveti Jakov cuyos orígenes se remontan al siglo XV. Más antigua todavía es la fortaleza que se alza sobre el estuario del río Krka y que ofrece unas vistas inolvidables de los tejados agolpados alrededor de su esplendorosa cúpula. Más adelan­te, a la minúscula Isla de Trogir se accede por un puente que conduce directamente al centro de una encantadora ciudad que los venecianos modelaron a su gusto sirviéndose de la piedra blanca de la vecina isla de Brac.

A Croacia se la conoce también como "el país de las mil islas" aunque el número exacto es de 1185 incluyendo islotes y peñascos de los cuales tan sólo 47 están habitados. Por eso también es un paraíso para los amantes de la navegación y no se puede dejar pasar la ocasión de alquilar un barco y poner rumbo al Parque Nacional de las Islas Kornati, donde el Adriático se reserva rincones que de tan idílicos parecen irreales.

Por su parte. Split, la capital de la Dalmacia Cen­tral, compite con Dubrovnik en los primeros puestos de las ciudades pequeñas más bonitas del mundo. Su casco antiguo sorprende siempre por su fastuo­sidad por más que se recorran mil veces las mura­llas, los corredores subterráneos y las estancias de los más de 200 edificios que componen el recinto del Palacio que Diocleciano mandó construir para pasar sus periodos de reposo. Oriundo de la zona, éste fue emperador el de Roma entre los años 284 y 305 y entre otras cosas, se le recuerda por haber ordenado sangrientas persecuciones de más de 150.000 cristianos, por ser el fundador de la tetrar-quía romana y por conseguir relanzar la hegemonía del imperio con la conquista de Egipto.

Inundada de campos de lavanda y conservando prácticamente intacto todo su encanto medieval, la cercana isla de hlvar se ha ganado por méritos propios la fama de ser una de las diez islas más bonitas del planeta.

Fuera de temporada, este es un reducto de poco más de 10.000 personas privilegiadas, entre las que se cuentan numerosos artistas; pero en verano, su puerto se convierte en uno de los atraques favori­tos de los millonarios que surcan el Mediterráneo, así que no es de extrañar que en los últimos años hayan proliferado hoteles, restaurantes, tiendas y bares de copas en los que frecuentados por gente guapa.

Por último, en el extremo más al sur, con mucha razón, Dubrovnik suele ser el punto final de un viaje por la costa dàlmata. Es el momento de perderse por sus murallas de más de cinco kilómetros y que datan del siglo V, de recorrer estrechas callejuelas y plazuelas respirando la herencia que siglos atrás dejaron tras de sí venecianos y otomanos, de permi­tir pasar el tiempo en uno de los cafés de Stradun, la calle principal, y, sobre todo, de admirar todos y cada uno de los rincones que se suceden y de procurar fijarlos en la memoria, que por algo decía George Bernanrd Shaw que quienes buscan el paraíso en la tierra deben venir a Dubrovnik.

La plaza de la Luza, con la torre del Reloj y el palacio del Rector y el Sponza, es, si cabe, el punto más emblemático conectando directamente con el puerto en el que todavía reposan plácidamente las barcas de los pescadores locales que abastecen a los diminutos restaurantes que despliegan sus terrazas con lo mejor de la tradición mediterránea a pedir de boca.

Sigue>> Viajar a Croacia

Suscribirse
Calificación:
Buscar mas Oficina de Turismo:

La ciudad de Zagreb

Zagreb nació en una encrucijada, un cruce de caminos que conec­taba...

Croacia