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Detroit

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Estados Unidos
Si el automóvil fue símbolo de Detroit durante casi un siglo, desde 1960, la ciudad empezó a conocerse mundialmente como la cuna del soul.

Si el automóvil fue símbolo de Detroit durante casi un siglo, desde 1960, la ciudad empezó a conocerse mundialmente como la cuna del soul.

Hubo un tiempo, en los años 60, en el que la ciudad de Detroit evocaba éxito cultural e industrial, no había nada igual en Estados Uni­dos que se pudiera comparar con la ciudad del motor y la metrópolis de la música. Detroit era conocida como Motor Town debido a su gran concentración de factorías de automóviles, un músculo industrial que a pesar de la enorme crisis en el sector sigue proporcionando nombre, estilo y ritmo a la ciudad.

Sin embargo, en las dos últimas décadas, Detroit se ha convertido en una urbe mucho más saludable y atractiva para el visitante. Sus nuevas empresas, nuevos barrios residenciales, y nuevos centros artísticos y comerciales han contribuido a su renovado optimismo. El impre­sionante centro de operaciones de Compuware ha traído más de 4.000 empleados a la ciudad, reemplazando la industria automovilística por la de alta tecnología. En el centro de Detroit, por otro lado, han florecido cafés, restaurantes, gale­rías de arte y bares de moda, aportando nuevos aires de renacimiento a una ciudad que empezó a deteriorarse a finales de la década de los 60.

Detroit, la urbe más antigua del medio oeste de Estados Unidos, empezó su vida como cen­tro comercial en 1701, cuando el explorador francés, Antoine de la Mothe Cadillac, enca­bezando una expedición de 200 campesinos e indios-americanos, desembarcó en la orilla del río Detroit, en lo que hoy es la Hart Plaza. Allí estableció un fuerte y un centro de comercio de pieles. Los franceses la llamaron Cité d'Etroit -Ciudad del Estrecho-, refiriéndose a los 43 kilómetros de agua que separan a la ciudad del lago Eire y de Canadá. Al poco tiempo, la co­lonia de Detroit empezó a florecer gracias a su estratégico emplazamiento. En 1796, el gobierno de los Estados Unidos se apropió de la plaza, que perdería en 1812 contra los británicos, para volver a recuperarla al año siguiente de la mano del general William Henry Harrison.

Fue a principios del siglo XIX cuando la colonia asumió un papel más relevante, tras la botadura del primer barco de vapor en el gran lago Michigan. La posterior expansión de asti­lleros y del comercio naval ayudó al progreso de la pequeña población, que durante más de un siglo se dedicó a exportar estufas, cocinas, cerveza y carruajes. Una existencia serena y placentera que, en 1913, vino a interrumpir Henry Ford con su invento, un vehículo impul­sado por energía propia, el Model T. A Ford le siguieron las familias Olds, Chevrolet y Dogde, que se convirtieron en las más célebres del país gracias a la invención y perfeccionamiento de la cadena de montaje de automóviles. Detroit, desde entonces, ya no fue la misma. Al final de la Segunda Guerra Mundial, en ella se producía más de la mitad de los automóviles de todo el mundo y era símbolo del "sueño americano".

Aunque ninguna de sus factorías organiza tours, el visitante puede hacerse una idea de ese símbolo a su paso por el Henry J Ford Mu­seum, donde es imposible no maravillarse ante la extraordinaria colección de automóviles, de los años 50, sus diseños aerodinámicos, sus co­lores pastel y sus majestuosas dimensiones. Una visión que sugiere que Michigan, a mediados del siglo XX, debió sentirse el centro del mundo y tierra de interminables posibilidades.

Junto a éste se encuentra El Automotive Hall of Fame, museo dedicado a la memoria de los hombres y mujeres que dedicaron su vida profesional a la industria del automóvil; entre ellos, diseñadores, inventores, educadores, pe­riodistas y pilotos de autos de carreras. Abierta al público también está la casa de Henry Ford, una mansión, situada a 15 minutos del centro de la ciudad, en el campus de la Universidad de Michigan, construida en 1914, que consta de 56 habitaciones y su propio generador eléctrico, construido por Thomas Edison.

A 40 kilómetros al norte del centro, pegada a la universidad de Oakland, nos encontramos con el Meadow Brook Hall, el hogar de Matilda Dodge Wilson, la viuda de otro pionero de la industria automotriz, John Dodge. Construida en 1929, la casa consta de 110 habitaciones y está considera una de las residencias privadas más grandes del país.

Pero si el automóvil ha sido el símbolo de Detroit durante casi un siglo, fue a partir de 1960 cuando empezó a conocerse mundial-mente como la cuna del soul. Detroit posee un poderoso magnetismo para cualquiera que esté interesado en la historia afro americana. En el siglo XIX la ciudad era una de las principales paradas del "Ferrocarril Subterráneo", la red de abolicionistas que ayudaron a los esclavos a escapar hacia la libertad. Para darse una idea de la importancia de este lugar como punto de escape hacia Canadá, sitúese en la esquina de West Jefferson Avenue y la Sixth Street y verá el país vecino al otro lado del río. Justo en este cruce, está la casa donde vivió, hasta su muerte, hace cuatro años, Rosa Park, líder del movimiento de derechos civiles.

En el siglo XX, olas de afro americanos, procedentes del sur, llegaron a Detroit para trabajar en la industria del automóvil. Hoy la población negra supera el 76 por ciento de los habitantes de la ciudad. Fue aquí donde hace 50 años nacía el sonido Motown. El nombre era un apócope de Motor town. Fue precisamente un ex empleado de la industria automotriz, llamado Berry Gordy Jr., el que lanzó el sello discogràfico Motown. El sueño de Gordy era poder fusionar las dos corrientes fundamenta­les de la música negra de entonces: el gospel y el rhythm and blues y así crear un sonido nuevo, un sonido que tuviese ritmo y que tuviese alma (soul).

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