Cultura en Praga

Cultura en Praga

Un recorrido por Praga, la ciudad de las cien cúpulas y las ocho universidades elegida desde siempre por artistas e intelectuales. Su generoso contraste de estilos arquitectónicos sigue atrayendo turistas de todo el mundo.

Un recorrido por Praga, la ciudad de las cien cúpulas y las ocho universidades elegida desde siempre por artistas e intelectuales. Su generoso contraste de estilos arquitectónicos sigue atrayendo turistas de todo el mundo.

Ubicada en el corazón de bohemia, Praga parece recostarse sobre un meandro del Moldava, aguas arriba de su confluencia con el Elba. En contacto con el mundo eslavo y Europa occidental desde antaño, la ciudad fue punto de encuentro de viajeros y negociantes que transitaban antiguas rutas comerciales. Las numerosas obras barrocas que se adaptan al plano medieval original se unen a las construcciones góticas en un paisaje artístico que resume y hace presentes todos los estilos, desde el románico hasta el moderno. Palacios, iglesias, monasterios, casas con arcadas y jardines son de una particular belleza y permanecen como testigos y evidencia de un proceso de crecimiento urbano continuo, que tiene lugar desde la Edad Media.

Arte y cultura en la ciudad de Praga

Con ocho universidades, incluyendo la de Carolina, una de las más antiguas del continente,
Praga atrae a arquitectos y artistas de toda Europa y es, desde el reinado de Carlos IV, el gran centro cultural e intelectual de Europa central.

Conocida también como la ciudad de las cien cúpulas, en junio de 1992, su centro histórico fue incluido por la Unesco en la lista del Patrimonio Cultural y Natural Mundial. Su armonía está en el contraste de las expresiones del barroco, renacentista, gótico, rococó y modernista que se despliegan en un escenario pluralista y extraordinario, donde el espíritu de los habitantes del pasado parece mezclarse con las ordenadas hordas de turistas que hoy lo transitan. Beethoven y Mozart la honraron con sus actuaciones y gozaron del aplauso de su público. Camino a Varsovia, en 1829, Chopin se detuvo en ella.

Observar el atardecer sobre la colina del cas­tillo de Praga y Mala Strana desde la orilla opuesta del ancho río Moldava, que discurre bajo un puñado de puentes a su paso por la capital checa, es una de las imágenes más evocadoras y melancólicas de Europa central. Los pintores que toman durante las horas de sol el puente de Carlos, cuyas estatuas de santos son testigos mudos de la historia de la ciudad desde el siglo XIV, enfundan sus pinceles con el ocaso.
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