Turismo en Senegal

Turismo en Senegal

A Senegal se le conoce tradicionalmente como "la puerta de África". Efectivamente es el primer país del África negra que podemos encontrar después de cruzar el inmenso desierto del Sahara por su lado occidental. También su capital, Dakar, posee un puerto de primera magnitud, posiblemente el mayor de África, por el que entran todo tipo de mercancías hacia el interior del continente.

A Senegal se le conoce tradicionalmente como "la puerta de África". Efectivamente es el primer país del África negra que podemos encontrar después de cruzar el inmenso desierto del Sahara por su lado occidental. También su capital, Dakar, posee un puerto de primera magnitud, posiblemente el mayor de África, por el que entran todo tipo de mercancías hacia el interior del continente.

El país presenta una sorprendente estabilidad política y una convivencia pacífica entre sus múltiples etnias, que puede hacernos pensar que el África que se nos muestra en Senegal dista mucho de la que tenemos en nuestra imaginación, esa Áfri­ca cargada de misterios y de aventuras sin límites.

La realidad es muy diferente. Si el viajero se aparta un poco de las magníficas ofertas de vacaciones de sol y playa de los balnearios de Saly y Cap-Skirring, sale de las grandes urbes desordenadas, y busca ofertas alternativas, encontrará un país maravilloso que mantiene aún vivas todas sus tradiciones y costumbres ancestrales, un país lleno de fascinan­tes paisajes muy variados, y sobre todo una gente amable, volcada y feliz, que hará de su estancia una experiencia única.

Informacion para hacer turismo en Senegal

El África mítica, la del león y el hipopótamo, la de las tribus bailando junto al fuego, la de los bosques sagrados y leyendas animistas, la de las piraguas remontando ríos, se pone al alcance de todos, niños y mayores, familias y aventureros, de una manera cómoda y auténtica.

Hoy día, recorrer por carretera los 270 kilóme­tros que separan Kaolak de Tambacounda supone realizar una travesía casi heroica. Los viajeros llaman a esta carretera "el Infierno" y aunque algo exagerado, da una idea de la multitud de baches, polvo e inmenso calor que hay que soportar las siete u ocho horas que puede durar el recorrido. Llegar a Tambacounda, en el sudeste de Senegal, no supone ningún premio, salvo la ducha y cena que se pueden obtener en algunos buenos hoteles del entorno. Una vez más, se pone de manifiesto que las ciudades en África se hacen famosas por sus leyendas y no por su belleza.

Lo que sí es un premio para la vista y para el alma es adentrarse en el parque nacional Niokolo Koba, una de las últimas reservas de fauna puramente africana del África Oc­cidental donde se podrán observar hipopótamos, cocodrilos, facóqueros y una buena variedad de antílopes y monos. Con más tiempo y paciencia se puede llegar a observar al león, al chimpancé, al licaón o incluso a los pocos elefantes que aún sobreviven en las laderas del monte Asirik.

Si lo que apetece es el África verde, Baja Casa-manee es el lugar adecuado con sus grandes ríos. Aquí dominan los espectaculares bosques tropi­cales de ceibas, mangos, tamarindos y palmeras, rodeados de arrozales y brazos de agua llamados bolongs. Entre los bosques surgen los poblados formados por enormes construcciones de muros de barro y tejados de paja, donde habitan los diolá. En los bosques, todo tiene un significado animista. Allí se refugian los guardianes de la noche, los pro­tectores, los espíritus de los antepasados. Cada árbol, cada planta o cada rincón de la espesura forman parte de la excepcional cosmología de los diolá. Hay que añadir la espectacular arquitectura tradicional que realiza esta etnia. Están conside­rados como los mejores constructores de África y esto no es gratuito.

Otro lugar que no se puede obviar es Saint Louis, la capital del norte de Senegal que fue la primera ciudad fundada por los europeos en África Occidental y desde 1659 a 1902 fue la capital de todo el África francesa. Se asienta sobre una isla del río Senegal muy cerca de su desembocadura en el Atlántico. Su declaración como Patrimonio de la Hu­manidad por la UNESCO ha puesto en marcha un programa de rehabilitación de sus casas coloniales, recuperando terrazas, verandas, balcones y cubier­tas. El color de sus fachadas y la actividad musical que se realiza en sus calles, principalmente durante el festival anual de jazz, convierten a esta ciudad en un puente entre las culturas africana, europea y americana. Sin duda alguna, su mayor atractivo lo constituyen el casco antiguo colonial y el famoso puente de hierro construido por Gustave Eiffel.

Tampoco conviene olvidar, a la hora de tener una visión global del país, el Senegal central, una continua y enorme sabana de baobabs. Entre tanta monotonía, surge como un oasis el delta formado por los ríos Siné y Saloum. En realidad no es un delta de desembocadura, sino una basta planicie inundada por el agua de los ríos en época de lluvias y la crecida de las mareas durante todo el año, formando un inmenso bosque de manglar en agua salobre.

Aunque algo deteriorado, el manglar ha sido protegido con la declaración de la zona como Reserva de la Biosfera y ha iniciado su recuperación con ayuda de la población local y algunos proyectos conservacionistas. Allí viven los sereres, una de las etnias más antiguas de Senegal de procedencia nubia o etiópica. Estas aguas tranquilas y fácilmente navegables son ideales para pasar unos días en plena naturaleza, observando aves o pescan­do, descubriendo los confortables campamentos que surgen alrededor de poblados como Simal, Toubakouta, Mar Lodg o Palmarín.

Eslovenia y el turismo, son una combinación revitalizante para los viajeros, con los increíbles paisajes alpinos, los lagos y bosques. Pero Eslovenia tiene una importante cultura para ofrecer, lo que incluye a todas las manifestaciones artísticas de un país de lectores ávidos.
Calificación:
Recomendamos Leer

La posición de Dakar en el extremo oeste de África resulta beneficiosa al...

Suscribirse